pánico ansiedad

¿Por qué nos ahogamos cuando hiperventilamos?

Algo muy común en un ataque de pánico es que nuestra respiración se acelere sin control. Cuando esto sucede comenzamos a sentir una sensación de ahogo y aunque respiramos a toda velocidad sentimos que no hay aire suficiente. ¿Por qué? Nuestra respiración se basa en el equilibrio de dos gases; el oxígeno (O2) y el Dioxido de carbono (CO2). La clave está en ese equilibrio. Nosotros inspiramos oxígeno que usamos para actividades metabólicas, ese oxígeno entra en nuestros pulmones y se reparte por el cuerpo. Como consecuencia del uso del oxígeno obtenemos dióxido de carbono que va a nuestros pulmones para ser expulsado. Hiperventilar consiste en introducir oxígeno por encima de nuestras necesidades, ese aumento hace que nuestro cerebro envíe la señal de dejar de introducir oxígeno en nuestro cuerpo para que el nivel de CO2 pueda equilibrarse. Esa instrucción del cerebro es lo que hace que sintamos ese ahogo.

Para una persona con ansiedad es, también, otro motivo adicional para asustarse. Perder el control sobre una función tan básica como es el respirar resulta aterrador. Una vez entendemos por qué sucede debemos pensar qué hacer. Para empezar, entender que es una reacción normal del cuerpo a una actividad anómala. A continuación buscar una estrategia para reducir la cantidad de oxígeno, podemos intentar controlar la respiración, tapar una fosa nasal y respirar con los labios entrecerrados. Como última opción podemos probar la alternativa de respirar dentro de una bolsa de papel, esto hará que tus niveles de CO2 vuelvan a los niveles óptimos al estar inspirando menos oxígeno.

¿Por qué los ataques de pánico pueden ocurrir por la noche o mientras dormimos?

Es una cuestión recurrente. Por la noche, relajados, adormilados o incluso según nos despertamos en mitad de la noche. ¿Por qué sucede esto? Existen varias causas para que esto suceda, la principal es la ausencia de estímulos que compitan por nuestra atención. Seguro que has experimentado esas pequeñas diferencias que ocurren durante la noche. El volumen de la TV que durante todo el día era necesario para tus necesidades ahora es “demasiado alto” esto se debe a que no hay otros estímulos que compitan con ese sonido. Algo parecido nos pasa durante la noche en la cama, la ausencia de sonidos hace que prestemos atención a nuestro cuerpo y que el “volumen” de nuestras sensaciones propias sea más alto.

Otra causa habitual son los sueños. En estado de duermevela, muchas veces, no somos conscientes de haber soñado durante un breve periodo de tiempo. Es posible quedarnos dormidos durante unos pocos minutos y que nuestro cuerpo puede mantener las sensaciones de ese sueño y estas llevarnos a estar muy activados. Una vez recobramos la conciencia y notamos esa activación repentina comenzamos a preocuparnos. Si lo sumamos al punto anterior (la ausencia de estímulos que nos distraigan) tenemos un cóctel perfecto para desencadenar un ataque de pánico.

¿Por qué siento ansiedad al intentar relajarme?

Las personas que viven en ansiedad tienden a percibir los nuevos estímulos como amenazas. Todos los eventos y las sensaciones corporales que sean diferentes a su estado normal se perciben de manera catastrófica. Esto hace que a nivel mental, pero también físico se viva en una constante tensión. Existen numerosas técnicas de relajación y siempre se busca la que mejor se adapte a la personas pero todas tiene algo en común: reducen la tensión. Durante los ejercicios de relajación se reduce la presión arterial, se baja el número de latidos, se reduce el oxígeno consumido y también se procura poner en orden os pensamientos.

Durante la relajación inducimos un estado totalmente opuesto al estado “normal” de una persona ansiosa. Muchas veces el vivir en tensión durante años hace que no percibamos ese estado, la ansiedad tanto a nivel físico como mental, se convierte en ese reloj que dejamos de sentir por llevarlo de forma cotidiana en la muñeca. Pero al igual que sentimos una sensación extraña cuando nos quitamos el reloj, sentimos una sensación nueva y extraña al relajar músculos que funcionan en tensión de forma permanente. Estas nuevas sensaciones, este percibirnos de manera diferente, provoca un miedo inicial por ser algo nuevo.

¿Por qué no debería huir de la situación que me genera ansiedad?

Los eventos que desencadenan la ansiedad no son peligrosos por si mismos. Puede ser peligroso el resultado que anticipamos pero no la situación inicial. Cuando nos encontramos ante la experiencia temida sufrimos la activación por esperar un resultado nefasto. Anticipamos escenarios catastróficos que no tienen mucho que ver con la realidad. Prolongar el contacto con el estímulo que nos genera esa sensación puede incrementar los síntomas y puede disparar esa necesidad de huir. Esto es así porque la respuesta de ansiedad, todo lo que físicamente significa, es prepararnos para luchar o huir ante un peligro inminente. Dado el carácter que tienen las experiencias a las que nos enfrentamos en nuestro día a día la única respuesta viable es la huida. Rara vez los desencadenantes de la ansiedad nos permiten enfrentarlos, simplemente permanecer y superarlos.

Si atendemos a la respuesta en su sentido más primitivo huir es una buena solución, apartarnos del peligro. El problema es que la ansiedad nos está invitando a huir de posibilidades, huimos por miedo a que nos suceda, quizá, algo malo. No tenemos la certeza de que ese resultado negativo suceda, sólo tenemos la certeza de que hemos evitado la posibilidad. Pero, en ese mismo proceso, evitamos la posibilidad de comprobar que esa creencia no era cierta. Exponernos, contrastar los resultados, ver que ese escenario terrible no sucede es clave para reducir los síntomas de ansiedad. Enfrentar la situación nos ofrece la posibilidad de aumentar nuestra confianza, ver lo errado de nuestro pensamiento al anticipar lo negativo y, con ello, nos aporta nuevas respuestas que nos harán más resistentes a nuevos momentos de ansiedad.

¿Me voy a volver loco o voy a morir?

Como hemos dicho la ansiedad se fundamenta en lo desconocido se alimenta de la duda y el recrear el peor escenario posible. Poco más catastrófico hay que pensar que perderemos el control hasta perder la cordura o, incluso durante un ataque de pánico, la vida. La respuesta es que NO VA A SUCEDER NINGUNA DE LAS DOS COSAS. Sí, la ansiedad y el ataque de pánico son consecuencias de sistemas de protección del cuerpo fuera de control, pero son eso: sistemas de protección.

Si no tienes ninguna condición cardiovascular de importancia no existe riesgo real para tu salud durante esos episodios. Puede que experimentes ciertas sensaciones de irrealidad pero no son signos de perder la cordura, son partes normales del episodio. No obstante debes buscar la ayuda de un especialista para controlar y minimizar tanto la ansiedad como los ataques de pánico pero por el objetivo de mejorar tu calidad de vida en su conjunto, no por un peligro inminente.

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5 dudas sobre la ansiedad y el ataque de pánico

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